Apego

Porque quedándome en mi alma, 
sé que estaré contigo. 
Dos almas no discuten.
Cuando se juntan,
ninguna tiene la última palabra. 
El afán de quererse, 
de estimar lo propio. 
Es lo que tiene el recordar de cuando íbamos sin ropa, 
que te hace discernir 
un hola que tal
con el único interés de una mirada
que sincronice dos latidos, 
de unos trazos en un discurrir
donde mañana, hoy será ayer. 

De hecho, 
cuando pude elevarme de mí, 
conforme me alejaba de 
mi piel, huesos y la nada, 
las que habían forjado mi camino, 
más se anclaban a un suelo
donde no echarían raíces.

Apego a lo absurdo de lo que se es.
Nada, cuando son tus vestigios los que tiran de ti. 

Y los que caminan sin ver
darán abrazos a unas huellas
mientras mi alma no tendrá 
nada que decirles a la suya. 

Solo nos sentaremos, 
junto con los pájaros 
y los que saben que están vivos, 
viendo como el sol
toma conciencia de la vida. 

Nos amamos por primera vez

Fue al verte,
como cuando ocurre todo
por primera vez.
Aunque lleváramos toda una vida
haciendo por ser uno,
de hecho lo éramos, 
TÚ y YO,
Las matemáticas no fallan. 
Y tú disimulabas como el primer día.
Y yo no, 
No sé disimular contigo. 
Nunca lo he sabido.
Y tú hacías como que no me conocías.
Y yo hacía como que te quería conocer.

Mientras, 
yaciendo donde todo sucede
hasta donde el cuerpo pide perdón, 
nos miramos 
en ese lugar donde solo cuando se ama
se puede mirar. 
Y tu mirada hacía como que quería coger mi corazón.
Y yo, 
no disimulaba que te lo quería entregar. 

Un día más
donde en nuestra mirada 
se encajó el tiempo,
en un bucle Junto a ti,
Tras haber dibujado una nueva cita,
Tras haber descrito una forma de conocernos,
nos amamos por primera vez. 

Nuestro mundo se paró

¿Te acuerdas? 
Donde empezamos a ser.
Donde estar sin nosotros 
era estar por estar. 

En ese instante en que
se paró el mundo. 

En ese instante en que
sonaba nuestra canción, 
mientras Jimmy Fontana
hacía girar el mundo, 
el nuestro se paró. 

En ese instante 
en que obligamos 
al sol a dar vueltas 
para que el resto
tuviera su amanecer. 

Conciencia

Mi conciencia ha vuelto a sintonizar. 
Conmigo. 
Con nosotros.
He dibujado sonrisas
con el pincel más antiguo del mundo.
Ese que se gestó con nuestras emociones. 
Decían que era imposible. 
Decían. 
He escrito poemas.
Decían.

Y con el mismo pincel
ese que guardo en el corazón, 
he dibujado nubes en el cielo.
Un día que el sol
necesitaba un impasse.
Esas que al mismo tiempo
me enseñaban
diferentes formas de amar.

Dice que hay días
que pinta las nubes de azul. 
Que no todo van a ser borrones.
Que todos necesitamos días
donde no haya nubes que contar. 

Después de haber pintado nubes en el cielo
con solo alargar mi brazo,
mi conciencia,
la que es más vieja que todos nosotros,
hablará a mi poesía,
y esta, la que sin tus ojos,
son letras en un papel,
permitirá acercarme a tu forma de sentir.

Y podré decir,
que he acompañado las sonrisas
de miradas de eterna primavera.
A las que las estrellas
piden consejo.

Decían que era imposible dibujar.
Decían. 
Que la primavera no es eterna. 
Decían. 

Es un placer inmenso
acariciar tu corazón.

Nuestros labios se tocaron en el infinito

En el mundo,
tú y yo. 
El resto,
flota a nuestro alrededor 
haciéndonos creer que existen. 

Y el beso, 
sí ese beso que aún nos estamos dando,
fue tan lento, 
que nuestros labios se tocaron en el infinito. 

En un infinito creado por nosotros
para que el beso sea eterno,
y donde el resto 
ha persistido de flotar,
ha persistido de hacernos creer que existen.

De hecho,
ahora te puedo reconocer,
me los tuve que inventar
para no estar solos
antes de podernos besar.

Que con posterioridad
ellos hayan pretendido ser,
dice mucho de su actitud.